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GRACIELA ITURBIDE PRESENTA TIEMPO SUSPENDIDO EN FOLA

GRACIELA ITURBIDE. TIEMPO SUSPENDIDO

Del 21 de septiembre al 3 de diciembre de 2016.
FOLA – SALA PRINCIPAL /
Godoy Cruz 2626 – Distrito Arcos – Lunes a Domingos de 12 a 20 hs. (Miércoles cerrado)
Entrada general: $70 / Estudiantes con acreditación y Jubilados: 50% de descuento / Menores de 12 años: sin cargo.

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Tiempo Suspendido

Sobre la muestra

La exposición de Graciela Iturbide que se presenta en la Fototeca Latinoamericana en Buenos Aires Argentina trata de un diálogo de dos series fotográficas, una de ellas cerrada y la otra abierta. La primera de ellas está constituida por las fotografías que Iturbide sacó en el baño de Frida Kahlo, un lugar íntimo que contenía cartas secretas así como sus objetos personales, corsés, muletas, batas manchadas de pintura, una prótesis, carteles de Stalin, etc. El baño fue tapiado por instrucciones de Diego Rivera a la muerte de Frida en el año de 1954, y debería permanecer así durante 15 años, pero Dolores Olmedo decidió dejarlo cerrado permanentemente. Luego de su muerte, su heredero así como la directora de la casa museo de Frida decidieron abrirlo, fue en el año de 2006 cuando Graciela de casualidad apareció un día en el museo y descubrió todos estos objetos de dolor amontonados en la tina, y pidió permiso para hacer un trabajo fotográfico para reinterpretar a Frida a través de ellos.

Pocos años antes, Graciela fotografió el jardín botánico de Oaxaca a instancias del pintor Francisco Toledo, en donde encontró especies autóctonas que no pueden sobrevivir si no es gracias a especiales cuidados y atenciones. Se encontró con la vulnerabilidad de la vida, con una fragilidad curiosamente parecida a la condición física y de salud de Frida. En el jardín botánico las plantas son protegidas con estructuras que sostienen, cuerdas amarradas, paños y zanjas. Estos objetos son como prótesis, iguales a las de Frida. Fue por esta razón que Graciela decidió en años recientes unir las dos series en un mismo discurso.

El jardín botánico fue solo el comienzo del interés de Iturbide por la naturaleza, y en otros viajes que realizó a distintas ciudades de Europa, como Roma, visitó varios jardines alquímicos, pero también fotografió en las carreteras del sur de los Estados Unidos a otras naturalezas intervenidas por le hombre, o bien al mundo humano intervenido por la naturaleza. Estos trabajos dieron finalmente como fruto la publicación del libro Naturata, cuyo nombre fue una idea de su amigo Jean Hendrix. Se trata de una palabra en latín que significa: naturaleza intervenida por el hombre.

Graciela dejó hace años de retratar a la gente, al ser humano, para enfocar su lente en otro tipo de seres animados o inanimados, como objetos que parecen tener vida, plantas, pájaros y a otros animales. El hombre desapareció de sus imágenes, su fisicalidad y su figura, pero no su condición ni sus características simbólicas esenciales, su dolor, su fragilidad, su vulnerabilidad, su espíritu alquímico y su libertad. A la unión de éstas dos series hemos añadido como una especie de epílogo una serie de autorretratos tomados en el curso de los últimos 25 años en los que la fotógrafa usó varios animales que parecen ser una extensión de su rostro, pájaros, caracoles, serpientes, imposible no pensar en la medusa griega, en nuestra señora de las iguanas juchiteca retratada por ella en los años ochenta, así como en un mundo simbólico que se desata y desdobla de manera automática gracias a la llave con la que ésta creadora de imágenes nos permite penetrar y descubrir jardines alquímicos nunca antes vistos.

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Los secretos revelados de Frida Kahlo, en la mirada de la mexicana Graciela Iturbide

(nota publicada en TELAM)

La exposición permanecerá abierta del 21 de septiembre al 3 de diciembre, consta de dos series fotográficas, una cerrada y la otra abierta. La primera tiene imágenes que Iturbide sacó en el baño de Frida Kahlo.

La Fototeca Latinoamericana (FoLa) inaugurará mañana a las 19 una exposición de fotografías de la mexicana Graciela Iturbide, desdoblada en dos series donde se destacan las imágenes tomadas en el baño de Frida Kahlo de la Casa Azul, un lugar íntimo que contenía cartas secretas y objetos personales, tapiado por decisión de Diego Rivera a la muerte de su mujer en el año de 1954, y que fue reabierto recién en 2006.

Un diálogo que habla del dolor, y de cómo se sobreponen los seres vivos, es el que propone en sus series esta fotógrafa mexicana nacida en 1942, alumna de Manuel Alvarez Bravo: el primer conjunto, “El baño de Frida”, reúne objetos de la pintora ligados a su enfermedad -una muleta, un corsé, una prótesis- y el segundo, “Naturata”, retrata plantas de un jardín botánico que requieren de cuidados especiales, protegidas con estructuras que las sostienen.

Son en total 50 fotografías, entre ambas series, sobre “un dolor que se queda ahí vibrando, en esos objetos, y a los que Graciela da una lectura totalmente nueva. Es sobre cómo se mantiene la vida a partir de ese dolor, y el cuidado para sobrevivir, que es lo que se conecta con esas plantas sostenidas con objetos, como si fueran prótesis o muletas, para que no se mueran”, contó a Télam el mexicano Manuel Rocha Iturbide, hijo de Graciela y curador de la exposición.

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Este artista sonoro realizó la selección de las obras y el guión museográfico en diálogo con su madre -“no le gustan los curadores”, confiesa-, en el que también incluyeron una serie de autorretratos de Iturbide, mientras que el total de las imágenes, todas en blanco y negro, formarán parte de un libro próximo a editarse, posiblemente con el mismo nombre de la muestra, “Tiempo suspendido”, aunque eso aun no está decidido.

Es peculiar y azarosa la forma en que Iturbide se acercó a fotografiar los objetos personales de Frida: el baño de la pintora, en la mítica Casa Azul de Coyoacán, contenía cartas secretas y objetos personales, entre corsés, muletas, batas manchadas de pintura, una prótesis y carteles de Stalin.

Al morir Frida, en 1954, Diego Rivera lo mandó a tapiar y ordenó que debía permanecer así durante quince años. Lo cierto es que esos 15 se convirtieron en 50 y los entonces nuevos directores de la casa, al abrir el espacio, descubrieron miles de documentos, fotos, vestidos, libros y juguetes.

“Fue en el año de 2006 cuando Graciela de casualidad apareció un día en el museo y descubrió todos estos objetos de dolor amontonados en la tina, y pidió permiso para hacer un trabajo fotográfico para reinterpretar a Frida a través de ellos”, relata su hijo en el texto curatorial.

Unos pocos años antes, la mexicana ya había fotografiado ejemplares del jardín botánico de Oaxaca, donde halló especies autóctonas que no pueden sobrevivir si no es gracias a especiales cuidados y atenciones.

“Se encontró con la vulnerabilidad de la vida, con una fragilidad curiosamente parecida a la condición física y de salud de Frida”, dijo Rocha Iturbide.

El hijo de la fotógrafa llama serie “cerrada” a la del baño de Frida, y “abierta” a la de Naturata, que sigue creciendo día a día ya que aún hoy su madre sigue fotografiando locaciones donde hay plantas. Además, la muestra incluye un último núcleo algo más pequeño, con autorretratos de la fotógrafa.

Graciela Iturbide llegó a la fotografía con algo de azar: en 1969 ingresó a estudiar dirección de cine en la Universidad Autónoma de México, pero pronto fue atraída por el arte de la fotografía practicada por Manuel Álvarez Bravo, quien estaba enseñando en la misma universidad. De 1970 a 1971 trabajó como su asistente, acompañándolo en viajes a través de México.
A principios de los años 70, viajó a través de Latinoamérica, en particular a Cuba y Panamá, hasta que en 1978 fue comisionada por el Archivo Etnográfico del Instituto Nacional Indigenista de México para documentar la población indígena del país.

Desde entonces, ha fotografiado Cuba, Alemania Oriental, India, Madagascar, Hungría, París y los Estados Unidos. Expuso en el Centre Pompidou (1982), el San Francisco Museum of Modern Art (1990), el Philadelphia Museum of Art (1997), el Paul Getty Museum (2007), la Fundación MAPFRE de Madrid (2009), el Photography Museum Winterthur (2009) y la Barbican Art Gallery (2012), entre otros.

Hasta el 3 de diciembre se podrá visitar la exposición “Tiempo suspendido” en la sala principal de FoLa, en la calle Godoy Cruz 2620 de la ciudad de buenos Aires, de jueves a martes de 12 a 20, con excepción de los (miércoles que permanecerá cerrado.
Simultáneamente, se exhibirá el trabajo de la primera residencia FoLa con el artista chileno Andrés Durán y su proyecto “Monumento editado: Chile, Perú, Bolivia y Argentina”, en la sala 2, y la obra del peruano Andrés Marroquín Winkelmann, “Un color promete”, un trabajo multidisciplinario que mezcla la instalación, el video y la fotografía, en la sala 3.

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